Músicas tradicionales

Músicas tradicionales y turismo en México






Las músicas tradicionales son aquellas cuya recreación es de larga duración y se encuentran vinculadas a la identidad cultural de un grupo o población. Los miembros de esas poblaciones las consideran suyas y las usan para distinguirse de los demás, pero cobran otros significados y sentidos en los contextos turísticos al ser espacios definidos por el consumo.

“Su función ya no es para construir los vínculos comunitarios y evocar la memoria colectiva, sino forman parte de las opciones de entretenimiento del turista, quien durante su estancia desea escuchar ciertas músicas que han sido promovidas por la publicidad”, señaló Georgina Flores Mercado, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS UNAM).

Con el propósito de aportar evidencias y argumentos sobre la relación de las músicas tradicionales y el turismo, la investigadora adscrita con nivel I al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y el doctor Fernando Nava, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, recopilaron 10 artículos de investigadores, promotoras culturales y estudiantes de posgrado para conformar el libro Identidades en venta. Músicas tradicionales y turismo en México.

Patrimonio cultural inmaterial como atractivo turístico

En entrevista, Flores Mercado describió que desde hace varias décadas el turismo ha figurado como estrategia para el desarrollo económico en los planes de gobierno, tanto a nivel federal como estatal, pero recientemente su promoción se ha intensificado en nuestro país, desviando la atención de los destinos de sol y playa para tratar de abarcar otros ámbitos que no habían sido considerados como parte de la oferta turística antes, como el denominado patrimonio cultural inmaterial.

Las recientes declaratorias de prácticas culturales —principalmente músicas— para formar parte de la Lista Representativa de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), “si bien tienen la finalidad de salvaguardar el patrimonio, en los hechos estas declaratorias han sido utilizadas tanto por secretarías de turismo como por empresarios y la Dirección de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como parte del marketing turístico de los estados y del país en general”, apuntó.

Si bien la Unesco plantea que el turismo es una vía para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, desde la perspectiva académica de los investigadores de las músicas tradicionales resulta importante cuestionar esta afirmación ya que los procesos de transmisión y los significados de esas prácticas se transforman profundamente. Por ello es necesario realizar más investigaciones al respecto.

Músicas tradicionales como objeto de consumo para el turismo

En palabras de Georgina Flores Mercado, lejos de formar parte de rituales comunitarios y de la construcción de vínculos, las músicas tradicionales se presentan actualmente para los “otros” (los turistas) quienes pagan por escucharlas. “De esta forma las músicas tradicionales se convierten en un objeto de consumo para turistas con la finalidad de lograr su entretenimiento”.

Por consiguiente, las músicas tradicionales corren el riesgo de “folclorizarse”, presentándose como una música estereotipada y afectando profundamente la diversidad musical, en tanto que los turistas solo quieren escuchar aquellas canciones o músicas que han sido fuertemente promovidas por los medios de comunicación, o bien la publicidad turística.

De acuerdo con la investigadora, en muchas ocasiones los músicos tradicionales —muchos de ellos de pueblos indígenas— son sustituidos o desplazados por músicos mejor posicionados. La música se homogeneiza en su forma musical (por ejemplo, en su entonación y afinación) para agradar a los oídos occidentales y de clases medias urbanas.

“También se homogeneiza la forma como se comunica, es decir, generalmente se presentan los músicos —y bailarines— arriba de un escenario, donde hay un maestro de ceremonias que “explica” el significado de estas músicas o danzas mientras el público observa pasivamente, no participa del performance musical activamente. De esta forma, las comunidades y los músicos tradicionales pierden el control tanto económico como simbólico (los significados) sobre su propia música”.

Sin embargo, muchas de las músicas tradicionales se han mantenido gracias al esfuerzo de los grupos y comunidades, resistiendo los procesos de colonización, de la modernidad y las políticas homogeneizadoras del Estado-nación y están estrechamente relacionadas con la definición del “nosotros cultural”.

La pirekua, de la diversidad a la homogeneidad

La pirekua es el canto tradicional de los p’urhépecha y a través de este canto se corteja a las mujeres, se dan consejos a los jóvenes, se describen hechos que suceden en las comunidades, se habla de la deforestación o de la contaminación del lago de Pátzcuaro, expresando los sentimientos más profundos de los compositores en el idioma p’urhépecha.

De acuerdo con Flores Mercado —quien elaboró el capítulo del libro “’Esto es música p’urhépecha…’ Pireris, pirekuas y turismo en Michoacán”, en conjunto con Cecilia Reynoso Riqué y Fernando Nava—, la pirekua suele interpretarse en dos ritmos: sonecitos, de ritmo pausado y melancólico o abajeños, más rápidos y enérgicos para zapatear. Este canto se suele interpretar con amigos en las comunidades, en la víspera de las fiestas patronales, en bodas y en encuentros comunitarios.

Desde hace varias décadas, las pirekuas —y las danzas— forman parte de la oferta musical durante los días de las festividades dedicadas a los difuntos. En estas fechas llega una importante cantidad de turistas a la región lacustre con la finalidad de conocer los rituales dedicados a los muertos, pero las danzas y músicas tradicionales de los p’urhépecha se han ido promoviendo también en festivales por parte de las secretarías de turismo locales.

“El turismo que llega a estas festividades es principalmente nacional pero también llegan extranjeros de Estados Unidos o Europa. En estos contextos turísticos las pirekuas que se interpretan suelen ser las mismas que se difunden en los medios de comunicación, por lo que se repiten constantemente unas tres pirekuas nada más; mientras que en las comunidades —principalmente las de la sierra— se compone una importante diversidad de pirekuas día a día”, señaló la investigadora.

Además de esta reducción importante, los festivales suelen contratar a músicos académicos o “famosos” para cantar la música de los p’urhépecha desplazando muchas veces a los propios pireris (los cantantes) y compositores de las comunidades rurales.

“En este sentido, vale la pena destacar que no solo se trata del cambio cualitativo en las formas musicales sino de la pérdida del control y/o agencia que los propios músicos tienen sobre su propia tradición musical, pues son los ayuntamientos o secretarías de turismo los que deciden cómo, cuándo y dónde se debe interpretar esta música”, indicó.



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