Yo soy Simon

Yo soy Simon (Reseña)





Por: Raúl Armenta Asencio

En una época donde ser políticamente correcto es la norma, el arte debería contravenir con todos estos sin sentidos que las feministas, los homosexuales y los veganos e intolerantes al gluten nos han obligado a adoptar.

Quiero aclarar, antes de empezar con esta reseña, que no siento ningún tipo de animadversión hacia los homosexuales. Tengo amigos que lo son y sé que ellos y el resto de los homosexuales del mundo son personas iguales que yo y que deberían tener los mismos derechos. Dicho esto, también quiero aclarar que, al igual que me cae mal la gente que piensa que los gays no tienen derechos, también repudio a los que dicen que ser de la comunidad LGBT es un don (sí, conozco gente que dice que eso es un don).

Y es en este sentido que me choca tanto la nueva cinta de Greg Berlanti, Yo soy Simon, basada en el libro Simon vs the Homo Sapiens Agenda, y que se estrena este fin de semana en salas comerciales con la leyenda Garantía Cinépolis (seguramente, para atraer más gente y ser socialmente responsables, porque, en sí, la cinta no vale ni para verla por Canal 5 en diez años).

Yo soy Simon nos cuenta, obviamente, la historia de Simon, un chico que parece tenerlo todo, pero que esconde un TERRIBLE secreto. No, no viola a su hermana cuando llega borracho, ni piensa en matar a sus compañeros. Es más, ni siquiera es que tenga algún gusto extraño. Su “terrible” secreto es que es gay.

Así, durante casi dos interminables horas, conocemos como Simon se enamora a través de correos electrónicos de alguien que va a su misma escuela. Mientras descubre quién es en realidad, deberá decirle a la gente más cercana a él que es gay, intentando que nadie salga herido emocionalmente (entre las posibles víctimas está su exnovia, quien sufre una crisis porque cree que él salía con ella porque parece hombre).

De entrada, la cinta es muy aburrida e innecesariamente larga (sin albur, pues). Pudo haber sido un mejor cortometraje, de esos que se quedan guardados en cajas viejas entre los tiliches de los que no quieres volver a saber nada.

Pero, el verdadero problema es que la idea de la película es normalizar la homosexualidad. Y no quiero que se malinterprete este comentario: lo que está mal es la forma en que lo dice: sí, tú se gay, sal del “clóset”. Parece más un mensaje motivacional para que ocho de cada diez personas que vayan a ver la cinta salgan de la sala diciendo “viva mi homosexualidad, viva mi don”.

Y ni que decir del actor principal, Nick Robinson. Hollywood encontró a su Kristen Stewart masculino: un chico sin mucha gracia que no gesticula más que en muy breves momentos para intentar sonreír, aunque, en realidad, parece que tiene un pedo atorado.

En fin. Yo soy Simon es una cinta que le va a encantar a todos los chairillos que gustan de lo políticamente correcto, aun cuando no tenga una verdadera razón de ser. También, puede que ayude a uno que otro homosexual que no se atreve a revelar su verdadera identidad a los demás. Pero nada más.

Si usted es ateo recalcitrante de los que odia a los católicos, y piensa ir a ver Yo soy Simon, mejor vaya a un templo a rezarle a Dios. Si usted es un panista a ultranza (ahora que se vienen las elecciones) y piensa ir a ver Yo soy Simon, mejor vaya a un mitin de AMLO.

Esa es mi recomendación, antes que ir a pagarle al estudio por un entretenimiento de baja calidad. Antes de ver esto, no creía en esas teorías de la conspiración que dicen que hay alguien manejando el entretenimiento para hacernos pensar de tal o cuál manera. Con Yo soy Simon me doy cuenta de que sí es así, y que lo políticamente correcto está aquí para quedarse y ser adorado.

Yo soy Simon es una película dirigida por Greg Berlanti, escrita por Elizabeth Berger y Isaac Aptaker, basada en la novela de Becky Albertalli. Cuenta con las actuaciones de Nick Robinson, Jennifer Garner, Josh Duhamel, Katherine Langford y Alexandra Shipp. La música es de Rob Simonsen. Tiene una duración de 110 minutos.


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