Quemar las naves

Quemar las Naves

Por: Alfonso Díaz de la Cruz

A menudo se utiliza la expresión de «quemar las naves» para referirse a tomar medidas drásticas que le motiven a uno a continuar adelante en aquello que quiere o que necesita para salir de una zona de estancamiento o una zona de confort que poco o nada le aporta a lo que desea.

Se aplica por lo general en el aspecto de los anhelos y los sueños a realizar. Cuando se tiene un sueño, pero hay pequeños detalles que hacen que uno dude, se invita a «quemar las naves»; es decir a dejarlo todo, a dar ese salto y renunciar a lo que nos mantiene en la zona segura para que no nos quede «de otra», mas que perseguir el sueño.

La renuncia a un trabajo o el darse de baja de una carrera que no nos gusta son dos de los rubros en donde más se emplea esta frase.

¿De dónde viene? Tradicionalmente se aceptan como fuentes verídicas dos sucesos históricos que en el acto ejemplifican su uso.

La primera de ellas nos remite al conquistador español Hernán (o Fernando) Cortés mientras aún se encontraba en las costas del actual Estado de Veracruz. Se dice que, para evitar que sus compañeros de expedición se vieran tentados a regresar, cuando lo que él quería era internarse en el continente, decidió quemar las naves (los barcos) para así no dejarles otra alternativa más que seguirle en su proceso de expedición del ahora llamado México.

El segundo suceso nos lleva aún más atrás en el tiempo, a hace unos 2300 años, aproximadamente, a épocas de Alejandro, el Grande (Alejandro Magno), cuando este arriba a las costas de Fenicia y observa, muy a su pesar, que los enemigos superaban al número de sus hombres en una proporción de 3 a 1. Ante esta desventaja numérica y la baja de moral que esta supuso para sus hombres, apenas bajados de los barcos Alejandro dio la orden de que estos fuesen quemados para después decir, palabras más, palabras menos (y, por supuesto, en otro idioma) que observaran cómo se quemaban los barcos, que dado esto sólo tenían una esperanza de regresar a casa con sus familias y seres queridos; a saber, ganando ese día la batalla y utilizar los barcos de los enemigos para lograrlo. La historia nos dice que Alejandro y sus hombres ganaron la batalla. Al final, resultó sumamente práctico haber quemado las naves, pues les impulsó a seguir adelante.

Como nota adicional se ha de agregar que, pese a la viabilidad de ambas fuentes, la primera no es para nada exacta (al menos en lo que a los verbos se refiere). De acuerdo con las Cartas de Relación que Cortés envió a Carlos I (de España; V de Alemania), éste en ningún momento quemó los barcos (ni los desmanteló, como sugiere otra frase con otra versión histórica atribuida al mismo caudillo), sino que los hizo hundir. Textualmente el texto nos ofrece dos referencias de ello; a saber: «… tuve manera, como so color que los dichos Navios no estaban para navegar, los eché á la Costa: por donde todos perdieron la esperanza de salir de la Tierra; y yo hize mi camino mas seguro, sin sospecha, que vueltas las espaldas no había de faltarme la gente […] Ocho, ó diez dias despues de haber dado con los Navios en la Costa: y siendo ya salido de VeraCruz hasta la ciudad de Cempoal…» (sic).

Cabe resaltar y aclarar que como verbo no se emplea quemar, pero tampoco se emplea hundir, pero se deduce que eso fue lo que mandó hacer el Conquistador. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), la tercera acepción del verbo “echar” es “Hacer que algo caiga en sitio determinado”, de manera que podemos asumir que los Navíos cayeron en la costa. En contraparte, la acepción 19 para el verbo “dar” quiere decir “soltar algo, desprenderse de algo”, por lo que se presupone entonces que Cortés decidió desprenderse de los navíos. Ambos verbos tienen otras acepciones que sugieren lo mismo, pero ninguna quiere decir “quemar”. Si a estas acepciones agregamos que don Hernán refiere que todos perdieron la esperanza de salir de la Tierra, se asume finalmente que solo quedaba un camino que recorrer; es decir, hacia el interior.

Más allá de cuál sea el origen de la frase y del hecho de que Cortés nunca quemó sus naves, la frase nos inspira a dejar atrás lo que nos detiene para perseguir nuestro desarrollo y realización personal.

¿Tú por qué motivos tendrías que quemar las naves? ¿Cuáles son estas naves que te impiden seguir adelante?

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