Que los perros ladren

Por: Alfonso Díaz de la Cruz / Aldacros@gmail.com

«Dejad que los perros ladren, Sancho; señal de que cabalgamos» es una de las frases que erróneamente se atribuyen al Quijote ─no aparece en toda la obra ─y que, poco a poco, sintiéndonos un tanto cultos al replicarla, van fortaleciendo al ego y, con ello, dañando a la sociedad.

Esta inocente frase, bien analizada y mal enfocada, lejos de premiar el esfuerzo, o pudiendo significar una cosa muy diferente como «eso quiere decir que estamos vivos», termina equiparándose a la creencia (convertida en certeza) de que lo que hay que buscar no es tanto el desarrollo personal como el reclamo y la enemistad de los demás.

Mal encaminar esta frase nos lleva a creer que el hecho de ser criticados es sinónimo de hacerlo bien; que aquel que se oponga no es más que un «perro» y que, por tanto, se encuentra en un nivel muy inferior a nosotros. No importa lo que los otros tengan que decirnos, serán ladridos; y si nos ladran, es que vamos avanzando, estamos teniendo éxito. Si bien, es normal que existan los detractores ante el éxito, no debería de ser esto la búsqueda del trabajo.

Al final, obtendremos como resultados egos elevados que asumirán que hacen las cosas bien, no en función de sus obras y los resultados de estas, sino en función del número de detractores que los ejecutores tengan. Y ejemplos tenemos varios en la política y en los actores sociales de diestra y siniestra.

Después de todo, ¿qué es más importante?, ¿hacer las cosas bien o tener detractores? Si cumplo con esto último, hacer las cosas bien no será necesario, con la crítica me bastará para creer que así es.

Entrando un poco en la altanería que esto pudiera encerrar, si no estás de acuerdo con este texto, es que lo hice bien.

¿No?

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