Influencias y estilos

Influencias y estilos

Por: Alfonso Díaz de la Cruz

Cada escritor tiende a desarrollar su particular manera de contar las cosas, de desarrollar sus textos y de generar su propio estilo; un estilo propio que le caracteriza, que le funciona como carta de presentación, que lo vuelve único. Es por ello que aquél que quiere imitar a otro queda, por lo regular, tan mal parado; al imitar a otro, la individualidad y propuesta de autor no tienen lugar y se termina siendo un remedo del otro; un escritor copia a otro, la copia resulta ser más que evidente y el texto, por muy buen contenido que tenga, pierde fuerza e interés.

Sin embargo, es bien sabido también que existe la influencia y se manifiesta en la gran mayoría de los escritores. Influencia no es copia, influencia no es plagio; pero es claro que el estilo de aquellos autores a los que se leen, a los que se toman como referentes… o simplemente que nos gustan, se van quedando impregnados en nuestras letras y van sazonando nuestros propios estilos.

Como para muestra basta un botón, mencionemos, por ejemplo, a Dante Aligheri, que nos muestra su Divina Comedia dividida en Cantos, tal y como hizo Virgilio (su protagonista) en La Eneida, y tal como hiciera Homero (influencia marcada en Virgilio) en La Iliada y en La Odisea. Sin embargo, no podemos de ninguna manera afirmar que aquella fuese una copia de esa, ni esa de estas dos, ni nada por el estilo. Cada cuál encontró su manera de contar las cosas y las contaron, aunque las influencias estuviesen ahí.

Yéndonos a épocas más recientes, por ejemplo, Gabriel García Márquez nunca negó la influencia que Rulfo ejerció en él y en su realismo mágico; y, sin embargo, cada uno desarrolló un estilo único.

En este tenor, y como cuentista que soy, no pocas veces me preguntan cuáles han sido los autores que, a mi consideración, son los que más me han influido en mis letras. (Aquí considero que es importante aclarar que los autores que influyen no necesariamente tienen que ser los autores que más le agraden a uno. Aunque puede ocurrir).

He aquí mi respuesta actual sobre dichas influencias y qué es lo que me ha enseñado cada una de ellas como escritor de cuentos cortos:

(Procuraré ser breve)

En primer lugar (y el lugar es aleatorio y arbitrario, y no representa ni cronologías ni preferencias, sino meramente influencias) mencionaré al escrito libanés Gibrán Jalil Gibrán (dependiendo de la traducción o fuente, se podrá encontrar su nombre escrito con K o con J) que, siendo de finales del siglo XIX y principios del XX, pareciera contarnos historias de mucho tiempo (siglos quizás) atrás. De él aprendí que el cuento puede ser, independientemente de las épocas, siempre actual.

En segundo lugar, siguiendo los lineamientos de orden ya mencionados, mencionaré al cuentista Etgar Keret, israelí mordaz que no teme jugar con la realidad y exponerla tal cuál, burlándose incluso de la misma, o narrándola como si la importancia de ella radicara en algo menos importante. Siempre fresco y poco clásico, de él aprendí que los cuentos pueden ser irreverentes.

En tercer lugar, está Augusto Monterroso, máximo exponente del microrrelato. De él aprendí que el cuento puede ser breve.

Siguiente.

En cuarto y quinto lugar, nos embarcamos a Cataluña donde encontramos a una influencia literaria y otra comportamental; a saber «Quim» Monzó y Jordi Sierra i Fabra. Del primero, aprendí que los cuentos, como la realidad, pueden ser brutalmente crudos sin finales que dejen un agradable sabor de boca; del segundo, que pese a cualquier pretexto de vida al que podamos enfrentarnos, es posible (y vale la pena) escribir. Aquí se cuela una sexta influencia catalana: Joan Barril, articulista de opinión y columnista de cuentos semanal, como lo hago yo. Su principal enseñanza fue el hecho de que la realidad está presente todos los días y, por lo tanto, es posible encontrar todos los días material para algún cuento en cada vivencia, en cada situación. Es opcional modificar la realidad o utilizarla tal y como está. Él recomendaba mucho la primera opción.

Finalmente, cierro mis influencias mencionando a los dos máximos exponentes (desde mi perspectiva, gusto y estilo) del realismo mágico; a saber, el gran Gabo y su influencia mexicana, Juan Rulfo. De estilos similares y, a la vez, tan diferentes, ambos me enseñaron que lo mágico puede ocurrir en los cuentos, que hay lugares y personajes envueltos en la magia, y que lo dolorosamente crudo también puede ser, a su vez, sumamente sublime, bello… como Remedios, la bella… como la muerte de Remigio Torrico.

Algunos de los autores mencionados me gustan mucho; otros no tanto, pero todos ellos han sido influencias (favorables, me repito con frecuencia) que me han ayudado a consolidar cada vez más, y con mayor claridad, el estilo de mis cuentos en particular, y de mis escritos en general.

Tómenlos como recomendaciones, si quieren, o déjenlos de lado. A fin de cuentas, las influencias y el estilo de uno no deben de ser los del otro.

Si escribes, ¿cuáles serían tus influencias?, ¿cuál sería tu estilo?

¿Qué preferencias tienes para leer?

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