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El arte de cortar el pelo y su antigüedad en la humanidad


Imagen: Cortesía

Hoy en día la industria capilar está en pleno auge y va en crecimiento. En el mercado encontramos una serie de aparatos que comparten un objetivo: mantener una melena de aspecto agradable. Desde tenazas para dar ondas al cabello, planchas de pelo para controlar el frizz, cepillos especiales y demás productos se han convertido en elementos indispensables para muchas persona. Pero, ¿de dónde nace el interés de tener un cabello perfecto? 

Así como la vestimenta, el lenguaje y las costumbres van transformándose con el paso de los años, el cabello también lo hace, ya que su significado y forma ha ido variando generación tras generación.

Anteriormente, el pelo largo era sinónimo de poder. No solo las mujeres lo lucían, sino que los hombres más influyentes presumían de una larga cabellera. La causa era que se había relacionado directamente la longitud del cabello con la valentía o poder de un hombre, como Sansón, el héroe bíblico que pertenecía a la secta hebrea de los nazaritas y había hecho votos que incluían la promesa de no cortarse jamás el pelo ni afeitarse.

Por otro lado, el colectivo femenino lucía largas melenas que se relacionaba con la divinidad. Poco a poco fue cambiando el panorama y el cabello largo pasó a convertirse en un símbolo de feminidad, debido a que los hombres comenzaron a cortar su cabello por las guerras que fueron desatándose. Posteriormente, empezaron a hacerlo por cuestiones prácticas y estéticas.

En el Siglo III a.C. Alejandro Magno ordenó a sus soldados que se cortaran el pelo y se afeitaran la barba para que sus enemigos no se sujeten de ellos en una batalla; las razones prácticas determinaron que los militares lleven el pelo corto.

En el antiguo Egipto, los hombres se rapaban para sentirse más frescos y las mujeres se cortaban el cabello muy corto, pero solían utilizar pelucas para cubrirse la cabeza en público.

Asimismo, los hombres de la sociedad romana usaban el pelo corto porque ese estilo se asociaba con la ley, la disciplina y la conducta civilizada. Por consiguiente, en el comienzo de la era cristiana, la exhortación de San Pablo a los corintios tuvo impacto en la moda: “¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre el cabello largo, mientras que es una gloria para la mujer la cabellera?”.

Así fue como el pelo corto en los hombres se mantuvo, aunque con algunas interrupciones, ya que distintas culturas variaron la forma de sus cabellos, usándolos atados, rasurados, el pelo largo con trenzas, entre otros. Pero en el siglo XX, se sancionó una ley que exigía que las trenzas se cortaran. A diferencia de las mujeres, donde el cabello largo mantuvo un símbolo de belleza y atractivo sexual. 

Desde otro ángulo, algunos descubrimientos arqueológicos de Egipto, descubrieron que anteriormente también utilizaban artículos para cortar el pelo, como afeitadoras hechas con piedras afiladas datadas hace 3,500 años, pertenecientes a la Edad del Bronce.

Asimismo, otra prueba evidente de hace miles de años demuestra que ya existían peluqueros, ya que se halló una estatuilla de 46 centímetros de alto en Tebas (Egipto), que representa la imagen del barbero Meryma’at, encargado de cortar el pelo a los sacerdotes del Templo de Amón.

Esta talla esculpida hace unos 3,300 años demuestra la existencia de un personaje encargado de hacer cambios en el pelo y puede considerarse como la primera imagen de un barbero que se dedicó netamente a su oficio.

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