Gabriel García Márquez

De Comala a Macondo, con escala en Veracruz

Por: Alfonso Díaz de la Cruz

Desde niño hasta la actualidad, aunque con mucha mayor frecuencia en mi infancia, mamá, oriunda de un pueblito recóndito del estado de Veracruz, solía contarnos a mi hermano y a mí, historias que ella había vivido en su lugar de origen, durante sus primeros años de vida. Historias que en nada se parecían a las vidas citadinas que nosotros llevábamos, donde el petróleo brotaba de la tierra y se utilizaba para proteger las heridas, y donde era usual cruzar el caudaloso río en «pangas».

Con el tiempo, y como consecuencia de mi afición por la lectura, tuve oportunidad de leer la novela «Cien años de soledad», del Premio Nobel de literatura (colombiano, no vaya usted a ponerle otra nacionalidad) Gabriel García Márquez. Para muchos apasionante y para otros aburrida, y explicada grosso modo, la novela nos narra la historia de la familia Buendía en el naciente y cíclico pueblo de Macondo, donde el tiempo pareciera no pasar, o prefiriera pasar con más calma y nos permite acompañar a las diferentes generaciones de la familia por su transcurrir en el pueblo. Desde el comienzo y hasta el fin de la novela (yo soy de los que la consideran apasionante), y que leí en una edición que carecía de un árbol genealógico impreso, las palabras te envuelven con su magia seductora y dan fe del por qué Gabo es considerado como el máximo (o uno de los máximos) representantes del realismo mágico.

Adentrándome más en sus líneas, pude ver también que algunos de los capítulos o estilos compartían mucha semejanza con las vivencias que, semana tras semana, mamá nos compartía a mi hermano y a mí en la sobremesa dominical. Fue tanta la semejanza encontrada que en más de una ocasión le espeté a mi madre, entre broma y broma, que se había leído la novela y nos contaba sus historias basándose en ella. Lo cierto es que, de mi familia, por lo menos hasta hace un par de años, yo era el único miembro que había leído al susodicho libro, por lo que mi aseveración quedaba descartada. Además, a lo largo de mi vida, mis tíos han podido corroborar las historias contadas por mi madre, por lo que da sustentabilidad a sus historias.

¿Cómo entonces explicar la semejanza?

Pues nada, que hay algo que se llama influencia e inspiración y que, de acuerdo con varias entrevistas que el Gabo dio a lo largo de su vida, la lectura de las historias de Juan Rulfo, en especial «Pedro Páramo» (gran referente mexicano en el estilo) y el mágico pueblo de Comala, influyó sobremanera en él al grado de servirle de inspiración.

De inspiración también le sirvió, igualmente de acuerdo con algunas entrevistas, un viaje realizado por la sierra de Guerrero, donde encontró algunos pueblos que le inspiraron para crear a Macondo; de tal manera que, aunque en fragmentos, Macondo se encuentra en México y, si tomamos en cuenta los mapas de la república, el sureste del país podría bien encontrarse repleto de Macondos, como el lugar en que nació y creció mi madre y con el que me alimentó en muchas sobremesas a lo largo de mi vida.

Y pues, nada, que hace unos días (6 de marzo) se conmemoró el nacimiento del escritor (en paz descanse) y quería extender mi felicitación haciendo también mención de mis experiencias. ¡Feliz cumpleaños, Gabo!

Como dato curioso, se dice que durante el tiempo que Gabo escribió la novela (18 a 30 meses, dependiendo de la fuente), se dedicó exclusivamente a ello y el dinero que se tenía en casa (una parte del cuál se debió a un premio por «La hora mala», también de su autoría), administrado por su esposa, Mercedes, fue menguando a niveles altamente preocupantes (quizás, de no haber sido por Mercedes el dinero se hubiese terminado con anterioridad) al grado, incluso, de no poder enviar la obra completa a la editorial que daría o no el visto bueno a la misma. Fueron tantas las prisas y la desesperación ─se dice ─ que, “por error”, se envió la segunda parte del manuscrito, dejando la primera mitad en casa. Aún así, la segunda mitad gustó tanto que se la editorial decidió pagarle por adelantado a García Márquez para que pudiera enviar el resto del material (y de paso comprarse víveres). Esto, desgraciadamente, parece ser solo un rumor que adereza a la historia. Lo de la mitad equivocada; lo del dinero es real.

 La obra fue publicada por primera vez en 1967 y el resto es historia.

Si tienen oportunidad de leerla, háganlo…

Gracias a Rulfo por Comala y Pedro Páramo, y por su influencia en Gabriel García Márquez.

Gracias Gabo, por Macondo y Cien años de soledad.

Gracias, mamá, por las remembranzas de tu infancia…

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