Resistiremos

Resistiremos. La amenaza hipermoderna (Adelanto)

Con autorización de Penguin Random House, publicamos un adelanto del libro, Resistiremos. La amenaza hipermoderna, del escritor mexicano, Fernando Viveros Castañeda, mismo que ya se puede adquirir de forma digital en distintas librerías del país.

I. La confrontación

¡Hoy decides enfrentarlo, perderle el miedo, mirarlo fijamente a los ojos! Tu estómago revolotea, la boca se te seca, respiras hondo y exhalas de golpe, sientes cómo el aire hace vibrar tus labios. Has querido huir, correr hacia algún lado, perderte de su vista y encontrar tu libertad en el olvido. Es imposible. ¡Te conoce mejor que tú misma, Li Berté! Sin que te dieras cuenta, Damián Narcís ha manipulado tus emociones, comprendido tus pensamientos, predicho tus decisiones.

La sala está a media luz y llena por un centenar de reporteros digitales con smartphones en las manos, como si fueran los arcos y flechas de ávidos cazadores de imágenes, sensaciones o palabras que puedan difundirse sin límite en redes sociales. Adviertes que, en segundos, el anuncio que dará Damián Narcís se verá y escuchará en cada rincón del TG, Territorio Gugul, y empezarán las reacciones a favor y en contra.

Recuerdas su fama de buen comunicador: claro, directo, polemista y que cuando conversa ve a los ojos con esa sobrada autoestima con la que se ha blindado desde su infancia y, con una habilidad casi imperceptible, seduce, altivo, con su mirada, voz y silencios: sus guardianes favoritos. Antes de salir, se prepara en un discreto camerino e imaginas cómo la maquillista le polvea el rostro para evitar brillos en la frente y nariz mientras él sonríe travieso y, con un sutil disimulo, le roza la pierna con la yema del dedo medio de su mano derecha.

Es sábado y se celebra el Día de la Inteligencia Artificial. Como cada año, en un ambiente de fiesta, exaltación y exceso, jóvenes, mujeres, hombres, empresarios, funcionarios, periodistas y académicos de este país asisten a la Hiper Innovation Fest en la que se presentan las mejores innovaciones para categorizar el pasado, simplificar el presente y predecir el futuro en medio de las principales amenazas de estos años: el cambio climático, incertidumbre laboral, crisis migratorias, violencia, pandemias y amagos nucleares.

Escuchas cómo el zumbido de voces, parecido a un enjambre de abejas listas para emprender el vuelo en estampida, se desvanece cuando Damián Narcís sube al templete. Atrás de él está parado con rigidez Juan Fierro, responsable de la seguridad, biohacker radical y su hombre de confianza. Con mucha soltura, como si estuviera conversando con viejos amigos, empieza a hablar:

—¡Bienvenidos! ¡Estamos listos para dar el paso! Hoy es un día clave para la historia de la humanidad. Después de años de investigación, la tecnología cuántica de frontera y la inteligencia artificial nos permiten comunicarnos mejor y preservar nuestra salud y ofrecer al mundo el DHI, el dispositivo hiperinteligente. Un dispositivo revolucionario con sensores biométricos inteligentes que se inserta por debajo de la piel del antebrazo. Permite recibir y transmitir videollamadas y mensajes en redes sociales con la velocidad 6G, la mayor en la historia que puede conectar objetos, automóviles, puertas, cocinas, pantallas, terminales para tarjetas de crédito, maquinarias con el internet de las cosas de nuestras ciudades inteligentes y, como plus, percibe las variaciones en la presión arterial, la temperatura, el ritmo cardíaco, la actividad cerebral, secreciones hormonales y cambios emocionales ante cualquier estímulo externo.

Ves, azorada, pantallas gigantes que proyectan un carrusel de imágenes que muestran los antebrazos de bellas mujeres y hombres apuestos con el DHI activado al tomar el sol en la playa, escalar una montaña o caminar en la ciudad.

Conoces su pasión: las predicciones. Te consta que, desde hace diez años, vigila los pensamientos y las reacciones de las personas a través de la información que ingresan con ingenuidad en las redes sociales, el reconocimiento facial de las videocámaras y los consumos que realizan en el e-commerce. Es director de la ABC, la Agencia del Buen Comportamiento del TG, Territorio Gugul: se percata de las preferencias, manipula emociones, predice conductas.

Lo sigues escuchando:

—Esta información facilitará la detección de enfermedades, contagio por epidemias y accidentes que sufran las personas para ofrecer, en segundos, el tratamiento necesario a través de nanorrobots en el flujo sanguíneo. Al ser los beneficios tan evidentes, hemos logrado la autorización de las instancias competentes del TG, Territorio Gugul, para brindar esta tecnología de una manera gratuita y generalizada.

No resistes más y lo interrumpes abruptamente:

—¿A qué se refiere con generalizada, señor Narcís?

Te reconoce de inmediato, disimula con habilidad su molestia de que te atrevas a interrumpirlo. Está consciente de que te fuiste del ABC después de trabajar cuatro años a su lado, dolida, frustrada, con resentimiento, y que hace dos te presionó para quitarte de en medio, humillándote, abusando de su poder. Has estado, cual animal herido, a la espera de la oportunidad para contraatacar y recobrar tu dignidad. No deja de verte como su empleada: ambiciosa, atractiva, irreverente, ávida por aprender. Finalmente, te formó y utilizó, eres su criatura. Tienes conocimiento de que ha estado monitoreando lo que haces desde que, al salir del ABC, organizaste LIBERGITAL, un grupo de resistencia contra la vigilancia y violencia digital. Estás al tanto de que tiene un expediente de información, imágenes y videos tuyos y que sabía de tu llegada. Tiene la atención mediática encima y te contesta fingiendo ser amable:

—Le agradezco su intervención, Li, porque me permite comunicar que disponemos de las posibilidades técnicas para integrar a la población a estos beneficios: mejorar la comunicación y detectar enfermedades con rapidez para curarlas y salvar vidas humanas.

Te das cuenta de que quiere evadirte y eso te da seguridad, no te detienes, lo provocas:

—Las personas conservaremos la libertad de decidir si nos insertamos el DHI, ¿sí o no?

—Las ventajas son tan importantes para la sociedad que no sería posible ni recomendable que alguien se quedara afuera. Propiciaríamos una situación de desigualdad entre los que tuviéramos este instrumento de prevención y de cura en nuestros cuerpos y los que no. Ese fue el reclamo tradicional de las voces que se oponían al desarrollo de la tecnología: que solo los que tuvieran recursos económicos podrían acceder a ella. Eso ha quedado atrás con el DHI. No queremos que haya alguien que se vea privado de los beneficios, por eso hemos destinado los recursos necesarios y agradecemos el apoyo y comprensión de la empresa que produce la tecnología para lograr la accesibilidad generalizada.

No puedes dejar que se vaya por las ramas:

—¿Qué pasará con las personas y sus smartphones que decidamos no implantarnos el DHI en los antebrazos?

—Convoco a los usuarios a realizar el canje de los smartphones por el DHI en un plazo de diez días. El procedimiento es muy sencillo, solo tienen que acudir al módulo más cercano a su domicilio. Repito, es gratuito.

No obstante, sabe que tus preguntas lo están acorralando, se siente incómodo y busca con la mirada a alguien más que pida hablar.

—¿Qué pasará con los smartphones que no sean entregados? —le pregunta Geovanni Lombardi, amigo tuyo.

—Al cumplirse el término de diez días, solo se logrará la conectividad digital a través del DHI.

Otro reportero le pregunta:

—¿Está diciendo que las personas que decidamos no insertarnos el DHI para conservar nuestra libertad y evitar correr el riesgo de cáncer, daños genéticos o problemas de memoria quedaremos desconectadas?

—Es una disposición obligatoria. Siguiente pregunta.

Leonora Miura, tu compañera de universidad, reacciona de inmediato:

—¿Quedaremos desconectados?, ¿sin acceso con nuestro smartphone al pago de los consumos y transportes, a servicios bancarios, a poder videocomunicarnos en redes sociales, a la información de Gugul, a votar, a escuchar música y ver series y películas?

Sonríe levemente y con ironía le contesta:

—Esas ventajas se conservarán en el DHI con una mejor calidad, además de la posibilidad de prevenir y atender sus enfermedades. Los beneficios son irrefutables. ¿No cree usted?

Su tono te molesta y decides confrontarlo:

—Lo que está a la vista es que el DHI podrá registrar, en cada uno de nosotros, las reacciones hormonales que tengamos ante nuestros propios recuerdos a los estímulos sensoriales que recibamos del exterior y, por supuesto, a la orientación de las conductas que tomemos.

—El DHI se enfoca en los estímulos que pueden afectar la salud.

Tu molestia aumenta, no soportas que te siga tratando como su empleada y que minimice tus argumentos. Conteniendo tu ira, lo interrumpes de inmediato:

—El DHI facilitará su puntería, será exacta para lograr lo que usted considera «el buen comportamiento social» y será muy fácil para usted y la ABC conocer los gustos y preferencias, elaborar mensajes a modo y manipular las emociones para polarizar a la sociedad y dirigir, con anticipación y ventaja, las decisiones por quién votar, qué consumir y con quién relacionarse. ¡Nos manipulará con dopamina!

Le has tocado una fibra sensible, ese término ha sido su bandera y objetivo y provocador, con un aire de superioridad, te contesta:

—¿Le ve usted algún inconveniente a convivir entre personas sanas con alto rendimiento, que no cometan delitos, paguen impuestos, produzcan, consuman sin efectivo, voten, estudien en aulas virtuales, reciban telesalud, sonrían y disfruten sus coincidencias respetando a los demás?

Lo detienes en seco:

—No se puede hablar de buen comportamiento social sin libertad sobre las emociones y las conductas de las personas, señor Narcís.

Observas que se le enrojecen las mejillas, está enfadado y anticipa su retirada:

—Sin salud no hay libertad, Li. Si reflexionara un poco más, podríamos convenir en que equiparar el libre albedrío a la libertad es impreciso e irresponsable. La realidad es que las decisiones que usted toma y que califica como «libres» las hace a partir de múltiples factores que no ha elegido antes, como son sus genes, su bioquímica, el sexo, origen familiar, la cultura y educación recibida. De la misma forma, las opciones entre las que puede decidir no fueron diseñadas por usted, sino por alguien más. En fin, más allá de lo que crea o deje de creer, se aleja del objetivo principal del DHI, señora Berté, que es muy claro. No son necesarias las sospechas cuando de lo único que se trata es de mejorar la comunicación, preservar la salud y crear una opinión pública donde se propicie la confianza en la actividad comercial y la honestidad social. ¿Habría otra pregunta?

No puedes dejar de rematarlo:

—Señor Narcís, ¡no son sospechas! ¡Lo que en verdad propone usted es que sea obligatorio instalarse el DHI para poder rastrear cada uno de nuestros movimientos, palabras y relaciones y manipular nuestras emociones y conductas! ¡De ninguna manera acepto su determinismo! ¡Su libertad de impulsar este proyecto se topa con la libertad mía y de mucha gente de aceptarlo! ¡Esa es la nota principal del anuncio que acaba de dar! ¡Demuestre transparencia! ¡Haga públicos los procedimientos con los cuales ha obtenido la información de su big data sobre las personas que vivimos en el TG, Territorio Gugul!

Escuchas de nuevo el zumbido de voces en la sala y ahora con más intensidad. El ambiente se tensa. Ves cómo mueve las manos tratando de pedir que le permitan hablar. No lo logra. Has puesto el dedo en la llaga al dejar al descubierto, sin pensar en los grandes intereses en juego, la verdadera intención del proyecto del DHI: no habrá un resquicio en la persona, por fuera y por dentro, de lo que haga o sienta, que sea desconocido para el ABC.

Das la última estocada:

—El DHI escaneará nuestros cuerpos y mentes las veinticuatro horas del día y usted controlará la información en la big data del ABC y, si tiene los datos, tiene el poder. ¡Podrá hackear hasta los egos y alinearlos en favor de sus intereses! ¡El ABC solo quiere manipular nuestra atención con su tecnología persuasiva para venderla al mejor postor! ¡Vender nuestro futuro! Señor Narcís, usted plantea solo dos opciones: hacernos predecibles o desconectarnos; obligarnos a cumplir con las normas del «buen comportamiento» o aislarnos en la irrelevancia social, otra forma de discriminación.

Te das cuenta de que los reporteros no dejan de videograbar. Con velocidad empiezan a surgir memes y hashtags en las redes sociales. «#NoAlBigBrotherInterior», «DHIcaballoDeTroya», «#byeByeLibertad», «DHIunIntrusoAdentroDeMí».

La sala se empieza a vaciar, los reporteros se dispersan para transmitir su información. Confirmas que la resistencia colectiva es el único antídoto contra la vigilancia y la predicción. El daño está hecho, tu venganza en marcha. Sonríes con sutileza al ver su rostro desencajado. Te mira a los ojos apretando las mandíbulas y se baja del templete. Los reporteros se le acercan y preguntan en busca de más declaraciones:

—¿Es cierto que el DHI dará beneficios a la población?

—Ya lo mencioné. Son evidentes las grandes ventajas del DHI. Mejor comunicación y mayor salud. La convocatoria para el canje de sus smartphones ya es pública. El plazo es de diez días. Es gratuito y obligatorio. Es lo que tengo que decir. Con permiso.

Se abre paso con la ayuda de su empleado, Juan Fierro. Sabes bien que no soporta la crítica y los imprevistos fuera de sus predicciones. Se le reciclan viejas heridas. Lo ves entrar al camerino y escuchas tres golpes. Intuyes que está golpeando con su puño la pared que tiene enfrente, la de su propia frustración.

Los reporteros voltean a verte mientras sales del salón, te sonríen. Algunos comentan entre sí y en voz baja la relación que hubo entre ustedes y el desprestigio que te ocasionó en las redes sociales. Suben algunos hashtags como #larevancha y #eldespecho. La guerra no terminó. Las pasiones humanas siguen encendidas. Cualquier cosa puede suceder.

Quieres irte a casa, te despides de tus compañeros de LIBERGITAL, Geovanni Lombardi y Leonora Miura, y caminas hacia tu automóvil. Estás segura de que Damián Narcís reaccionará con virulencia, no se quedará callado y hará lo posible por llevar a cabo su proyecto DHI y silenciarte al costo que sea. No te importa, has decidido ser congruente, saldar la cuenta que tiene contigo, recuperar tu dignidad y persistir en ser libre. Lo tienes claro y no te queda más que seguir adelante.

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