Liliana Rodríguez

Liliana Rodríguez presenta sus Relatos para no dormir


Por: Raúl Armenta Asencio

En el marco de la 32 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se llevó a cabo del sábado 24 de noviembre al domingo 2 de diciembre, Editorial Panorama presentó el libro Entre sábanas: Relatos para no dormir, de la periodista mexicana, Liliana Rodríguez.

Entre sabanas está conformado por dieciséis relatos en los que la autora, quien escribe sobre sexualidad en GQ, busca que el lector se sumerja en todos los detalles de la relación sexual, de forma que se imagine dentro de la misma.

A propósito de Entre sábanas, el hacer literatura erótica en un país como México y la experiencia de brincar del periodismo a la ficción, hablamos con Liliana Rodríguez.

¿Qué nos puedes contar de Entre sábanas?

Es mi primer libro después de veinticinco años de carrera periodística. El libro fue una idea conjunta: yo, a través de mis colaboraciones con GQ de sexo, la editorial me contacta y me invita a hacer el libro. La idea cuaja mejor cuando se enteran de que también colaboro con el diario El Gráfico, en el que tengo una columna quincenal de relatos eróticos.

Con la idea de mi experiencia en sexualidad, se aterrizó la idea a que fuera un libro de relatos eróticos. Me gustó mucho que se haya concatenado todo esto.

¿Qué inspira a los cuentos que aparecen en Entre sábanas?

Es una suerte de reflexión erótica. Se toman ejemplos de casos de parejas, gente soltera, divorciados que, a través del relato, se da un caso en específico: parejas swingeres, sexo oral masculino y femenino, masturbación, etcétera.

La narración es completamente erótica, soft-porn, y a los que les he dado unos cuantos relatos, les han gustado mucho, los ha inquietado y ha invitado a la reflexión de que no porque la monotonía se asiente en el matrimonio, el noviazgo o en la misma soltería, nos vamos a quedar en la zona de confort.

¿Cuáles fueron los retos de escribir ficción luego de trabajar tanto tiempo en el periodismo?

Yo empecé a ejercitarme en la ficción y en la no ficción. Los relatos que publico en El gráfico, primeramente, fueron experiencias mías, con un personaje que narraba en primera persona lo que sucedía, algo entorno al deseo y el fetiche: yo rescaté algunas experiencias que tuve con diferentes hombres y las plasmé.

Después, fueron joyitas prestadas que me prestaban mis amigas y amigos o anécdotas de otras personas que no eran tan allegados. Ahí fue empezando a desarrollarse la ficción. Pero, en el inter, llegaba el realismo, lo que me ayudó a que pudiera plantear de esta manera los relatos, aunque sí les tuve que dar un maquillaje o sutileza, pues en El gráfico hay un lenguaje más contundente.

¿Cómo ha sido la experiencia de escribir en El gráfico una columna como la tuya en un país como México?

En GQ les hablaba a los hombres, pero, al ser online, también había muchas mujeres que me leían, aunque era con un lenguaje más coloquial y con un consejo intrínseco. De El Gráfico me invitaron a hacer una columna en la que escribiera sobre lo que quisiera: le propuse el relato y ellos me fueron diciendo cómo hablarles, porque el público que lee ese diario es muy particular, hay que decirles las cosas como son.

Cuando empecé a compartir esos relatos en mi Facebook, donde sí tengo amigos o colegas, mucha gente se asustó, especialmente por ser una mujer la que lo escribía; sin embargo, poco a poco se ha dado una sinergia por parte de lectores que, normalmente, no son de El gráfico, y mis relatos se fueron convirtiendo de lo pornográfico a lo erótico.

Estos textos me han ayudado a que la gente se quite telarañas en lo que se refiere a la literatura erótica; sin embargo, sí sigue habiendo una doble moral en México y Latinoamérica. Yo no me he enfrentado a casos muy particulares, pero sí sé que ronda un mito de que las mujeres, más las solteras, escribamos sobre esto.

¿Cuáles son tus influencias al momento de escribir ficción?

No tienen nada que ver con literatura erótica. Admiro mucho a Cristina Pacheco, mujer que como habla y narra las vivencias de la Ciudad de México, las plasma en sus cuentos y relatos; su narrativa es muy elocuente, te transporta, definitivamente, a lo que ella vivió, a lo que está viendo, sin que tú lo hayas conocido. Sin embargo, más que una influencia, es una aspiración: me gustaría escribir como ella, que sea algo muy real y que te lleve a lugares que no has visitado.

En cuestión de sexo, mi objetivo es que el lector o la lectora se imaginen a ellos mismos en el acto sexual mientras leen mis relatos; en ese sentido, Cristina y su esposo, aunque no escriben igual, tienen una manera muy elocuente de describir las cosas y al mundo.

¿Estás trabajando en otro libro?

Me propusieron otra idea, quiero hablar, específicamente, del orgasmo, aunque también serán relatos narrativos. Aunque todavía no está cerrada la idea. Quiero que las mujeres que me leen se identifiquen: yo no soy sexóloga, soy una mujer de a pie, y hablo del sexo que a todos nos ha tocado.

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