Alberto Chimal

“La fuente de toda escritura es la realidad, incluso la de los relatos más extraños”: Alberto Chimal


Por: Raúl Armenta Asencio

En el marco de la 32 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se llevó a cabo del sábado 24 de noviembre al domingo 2 de diciembre, Editorial Páginas de Espuma presentó el libro, Manos de lumbre, del mexicano, Alberto Chimal.

Con seis relatos, Manos de lumbre busca presentar personajes que tienen una capacidad especial por cometer errores muy grandes, y cómo lidian con las consecuencias de sus acciones.

A propósito de Manos de lumbre, la diferencia entre literatura para adultos y para niños y jóvenes, y la escena cuentística en México, hablamos con Alberto Chimal.

¿Qué nos puedes contar de Manos de lumbre?

Es mi primer libro de cuentos “para adultos” en tres años, después de Los atacantes, que también publicó Páginas de espuma. Son seis cuentos acerca de personajes que tienen una capacidad o talento para la destrucción propia o de otros. Cada una de las historias tiene que ver con esto, con personajes que cometen por imprudencia, arrogancia, deseo de poder, algún error tremendo y tienen que lidiar con las consecuencias.

¿Por qué Manos de lumbre?

Es una frase que se decía, y todavía se debe decir por ahí, a los niños que cometen alguna torpeza; se decía ‘tienes manos de lumbre’ porque todo lo que tocas lo quemas; se refiere a la torpeza infantil que comete un niño cuando deja caer un plato, comete algún estropicio.

Pero, cuando una persona tiene manos de lumbre después de la infancia, cuando tiene esa propensión al error catastrófico, empieza a haber problemas.

¿Qué inspira a los cuentos de Manos de lumbre?

Muchas cosas. La fuente de toda escritura es la realidad, incluso la de los relatos más extraños. En este caso, es una serie de observaciones de acontecimientos más cercanos; este es un libro más directamente relacionado con ciertos sucesos o hechos reales, que otros que tengo.

El primer cuento, por ejemplo, Los leones del norte, es una combinación de muchos casos de plagio que me ha tocado conocer; el cuento de Voy hacia el cielo, tiene que ver con asuntos de mi propia vida, es un cuento con muchas referencias musicales, pero también tiene que ver con el ambiente de la protesta social en la actualidad: los personajes están metidos, van a marchas, hacen activismo, y las dificultades que tienen, además del trastorno extraño que tiene el protagonista, se relaciona con esta especie de búsqueda de justicia, que ha sido un gran tema de los movimientos sociales de los últimos años.

¿Cómo te sientes por volver a la literatura para adultos?

Muy bien. No es que me haya ido. Han aparecido algunos libros para niños, pero no he dejado la literatura para adultos; voy alternando, o llevando simultáneamente, varios proyectos. Sin embargo, sí me da mucho gusto publicar otro libro de cuentos en Páginas de espuma, y que sea distinto a otros que ya había publicado.

¿Qué tan diferente es el proceso creativo cuando trabajas en un cuento para niños y en uno para adultos?

El proceso creativo, en realidad, no es muy distinto: escribir, revisar, encontrar hilos conductores. La diferencia con la literatura infantil y juvenil está en que el texto debe considerar la experiencia de vida de sus posibles lectores, por lo que se tiene que volver más alerta a esa experiencia diferente entre un adulto que escribe y un niño o joven que lee.

Tiene que ver con el reconocimiento de que algunas cosas tienen que abordarse o contextualizarse de otra forma; los cuentos no pretenden aleccionar ni predicar, sino acompañar a una parte de la vida que es muy concreta. Hay que tomar todo eso en consideración, pero no hay más diferencias.

¿Cómo ves la escena cuentística en México?

Muy interesante. Algo que está pasando es que está empezando a haber un movimiento mayor al que había hace diez o quince años: no sólo en gente que escribe, que siempre la ha habido, sino de editoriales y canales de distribución dispuestos a difundir un poco más el cuento.

En los años noventa era como el desierto, a la gente se le negaba la posibilidad de hacer algo con un libro de cuentos; ahora hay grietas, fisuras, por las que se están colando autores y libros de cuento; una antología como El hambre heroica, de Gabriel Rodríguez Liceaga, que no está pensada ni temática ni generacionalmente, hubiera sido imposible hace veinte o veinticinco años.

¿Estás trabajando en otro libro actualmente?

Sí. Estoy acabando una novela para jóvenes de ambiente medio distópico. Terminé una novela que estoy esperando para poder darle una buena revisión. Yo creo que después de eso, el siguiente proyecto va a volver a ser de cuento.

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