Jugar la vida

Jugar la vida (Reseña)

Por: Raúl Armenta Asencio

“¿Será que ahora que moriste te estoy consagrando y mitigo tus defectos y enaltezco tus virtudes de manera exagerada?”

India es uno de esos países que quiero conocer desde hace mucho tiempo. Bien a bien, no sé qué es lo que me llama la atención de ese lugar, pues estoy seguro de que todo lo que me digan es o una exageración o no se le está dimensionando de la forma adecuada. Justo por eso, cada que encuentro un libro de ficción que hable al respecto, lo devoro, con la esperanza de poder viajar pronto a un lugar lleno de misticismo.

Con esta idea fue que tomé Jugar la vida, de la mexicana Marcela Bracho. La cosa me emocionaba más cuando supe que no era una novela, sino las memorias de la autora que viajó a aquél lejano país para encontrarse con su hija a tan solo un par de días de que falleciera su padre. Tenía muchas expectativas, y, quizás, ese fue el mayor problema.

La verdad es que, aunque Jugar la vida sí habla sobre las aventuras y desventuras de Bracho en la India, el libro es más una carta de despedida a su padre, uno de esos textos que todos tenemos en nuestra mente cuando muere algún ser querido. Si he de ser sincero, esta parte de la historia es la que menos me interesó, y no porque sea un descorazonado ante el dolor ajeno, sino porque, creo, se centra demasiado en experiencias que no se desarrollan de forma adecuada para que el lector se sienta reflejado en ellas.

Obviamente que prevalece el amor de una hija hacia su padre, y a eso sí nos podemos referir la mayoría de las personas. Pero hay muchas cosas sobre la forma de pensar y las experiencias de esta familia que, al menos a mí, no me hacen eco. Además, en cierto punto la autora cae un poco “gorda” porque se la pasa criticando a los católicos y sus formas, pero sintiéndose más por no ser una mujer religiosa. ¡Bah!, es mi problema si creo en Dios y Jesús o no, yo sé que la Iglesia ha hecho muchas cosas malas, pero no nos podemos quedar con eso; además que, para la historia que presenta la autora, termina distrayéndonos.

Ahora bien, lo bueno de Jugar la vida es cuando la autora está de viaje. Si ya estaba convencido de que quería viajar a India, ahora ya estoy empezando a juntar dinero para, aunque sea en diez años, poder ir y vivir personalmente todas las anécdotas y problemas por los que pasa la autora. Si este libro se lee más como una crónica de viaje, es excelente, sin desperdicio.

Jugar la vida es un libro escrito por Marcela Bracho, publicado por Editorial Sélector. Cuenta con 190 páginas.

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