DIARIO DE UNA MADRE ADOLESCENTE

Diario de una madre adolescente (Adelanto)

Con autorización de Editorial Sélector, publicamos un fragmento del libro, Diario de una madre adolescente, de la escritora venezolana, Anais Mosqueda, mismo que ya se puede adquirir en librerías de todo el país.

1

Todo comenzó precisamente en aquel momento.

—¿Escuchas sus latidos?, tiene exactamente cinco semanas.

Yo escuchaba la voz del doctor mientras miraba hacia el techo con ganas de llorar pensando en qué iba a hacer, ¿cómo se lo diría a mis padres?, ¿o a toda mi familia?, ¿cómo se lo diría a él?

Nick y yo nos conocimos en un centro comercial y, cuando sucedió, no nos dimos tiempo para amistad, sólo fue amor a primera vista y así nos quedamos.

Se puede decir que nuestras familias no se llevan muy bien, pues desde que comenzó nuestra relación se han reunido muy poco, la verdad (otra razón más por la cual preocuparme).

No teníamos planeado un bebé y mucho menos a esta edad, pues sólo tengo diecisiete años; Nick, diecinueve (la única frase que ha pasado por mi cabeza desde el día en que noté un retraso en mi periodo).

Salí del doctor como llegué: totalmente sola; él me dio unas pequeñas recomendaciones y unas medicinas, las cuales debo esconder mientras averiguo cómo informar lo de mi embarazo. Me puse mi chaqueta (nada especial, sólo una simple chaqueta blanca de adolescente preocupada por su embarazo repentino y precoz), salí por la puerta del hospital y allí se encontraba el auto de Nick. Miré un poco sorprendida, pues no creí que vendría, luego caminé rápido hasta el coche.

—¿Qué haces aquí? —dije mientras me quitaba la chaqueta.

—Pues me dijiste que estarías aquí y quise venir a verte, ¿qué tal fue todo?, te lo pregunto porque te la has pasado vomitando y mareada.

—Pues sí, me han revisado y han descubierto algo muy interesante dentro de mí…

—Y qué… ¿estás bien?

—¡Oh, sí…!, es sólo… un… un parásito…

Dios, casi confieso todo, pensé.

—Jajaja, ¿un parásito? Eso se te ha de quitar con más comida chatarra, cariño —dijo con una gran sonrisa mientras me observaba.

Lo noté… noté su alivio cuando dije la palabra parásito; noté el cambio de su expresión y la verdad sólo quería salir de esto porque no deseaba dañar mi vida, mi adolescencia, ni mi hermosa relación con Nick. Así que no diría nada, sólo llegaría a casa como siempre, me iría a dormir y al otro día buscaría en internet a dónde ir para apartar a esta… cosa que quería dañar mi vida.

Nick me dejó en casa como siempre, bajé del auto y antes de doblar la manilla de la puerta, respiré profundo y pensé: Que no se me salga nada de la boca. Cuando entré, mi madre estaba cocinando, mientras mi padre, como siempre, no se encontraba en casa (ha de estar “trabajando hasta tarde de nuevo”). Sonreí un poco mientras pretendía subir las escaleras en silencio (pues sabía perfectamente que él no trabajaba hasta tarde y también sabía con quién estaba y dónde se encontraban, pero en fin, los problemas del matrimonio de mis padres ya son cosa aparte).

Subí las escaleras muy rápido y no silenciosamente como lo pretendía, y antes de poder abrir la puerta de mi habitación, escuché el gran grito de mi madre:

—¡Anna!

Miré al suelo como si ella se encontrara allí y grité al igual que ella:

—¿Qué sucede?, ¡ya llegué!

—¡Lo he notado, hija! —escuché su grito de nuevo—. ¿Quieres comer algo, nena?

—¡No, madre, estoy bien, comí en la calle, ahora mismo me voy a dormir, adiós!

Entré a mi habitación y rápidamente cerré la puerta. Se podía decir que antes de enterarme de que mi padre engañaba a mi madre, nuestra relación como familia era mucho mejor. Pero luego de eso me sentí completamente sola; sólo tengo a Nick, quien ha sido mi único apoyo en todo este tiempo (tampoco crean que Nick y yo sólo teníamos una semana cuando tuvimos sexo; teníamos dos años de relación, y pues esa vez fue sólo un accidente que nos olvidáramos del dichoso condón).

Me recosté en mi cama pensando en qué podía hacer para perder al individuo de cinco semanas sin necesidad de ir al médico, porque sabía perfectamente que me obligarían a llevar a mis padres, por mi edad. Pensé seriamente en lanzarme a la carretera o tirarme por un puente, pero eso también me mataría a mí, así que no era muy buena idea. Definitivamente para esas cosas no tenía ideas, así que necesitaba ayuda urgente, por lo que tomé mi teléfono y llamé a la única persona que sabía de mi pequeño accidente de embarazo y hasta antes de ir al médico me aseguró que me encontraba en estado.

—¡Hey!, soy yo —dije mientras suspiraba—, tenías razón, tengo cinco semanas…

—¿Cinco semanas?, vaya sorpresa —dijo entre risas.

—No estoy para risas, Andrea, no sé qué hacer con esto… ¿alguna idea?

—¿Has pensado en abor…?

La interrumpí justo antes de que terminara la frase.

—Sí, sí lo he pensado, pero dame otra idea.

—Bueno, déjame pensar —se quedó en silencio unos segundos—. ¡Ya sé!, tengo una idea perfecta: he visto en algunas telenovelas, de esas que ve mi madre, ya sabes, que las chicas se tiran por las escaleras para perder a sus bebés, algunas veces quedan paralíticas, pero qué importa…

—Perder al nene o quedar paralítica —guardé silencio un segundo—; bueno, pues arriesgaré.

Esperé toda la noche a que mamá se durmiera, cuando eso sucedió como a las dos de la mañana, decidí ponerme en marcha. Miré las escaleras, me senté en ellas e intenté dejarme ir muchas veces… demasiadas veces, todas fallidas y más desesperantes… (demonios, soy una miedosa, ¡ni para perder un niño sirvo!).

Me desesperé y decidí irme a mi habitación. Cuando iba subiendo las escaleras, miré las luces del auto de mi padre (no me sentaré a esperar para saludarlo, no se lo merece).

Cerré la puerta de mi habitación con toda la rabia del universo en mí y comencé a llorar.

—Debo hacerlo… —dije mientras tomaba mi teléfono y escribía un mensaje.

To: Nick

Estoy embarazada…

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